Una de las dudas más habituales es por qué pedimos a nuestros clientes que se rasuren la zona a tratar entre 24 y 48 horas antes de cada sesión.
La respuesta es sencilla: un rasurado correcto hace que el tratamiento sea mucho más eficaz, seguro y cómodo.
El objetivo de la depilación láser no es quemar el pelo que vemos por fuera de la piel, sino actuar sobre el folículo piloso, que es donde se encuentra la estructura responsable del crecimiento del vello.
El láser emite una luz que es absorbida por la melanina (el pigmento oscuro del pelo). Esa energía luminosa se transforma en calor y alcanza temperaturas cercanas a los 70 °C en el interior del folículo. Ese calor provoca un daño térmico controlado sobre las células responsables de producir un nuevo pelo, disminuyendo progresivamente su capacidad de regeneración.
Cuando el vello está demasiado largo, parte de esa energía se consume calentando el pelo que sobresale de la piel. Esto provoca:
Mayor recorrido de la energía antes de llegar al folículo.
Menor concentración de calor en la raíz.
Disminución de la eficacia del tratamiento.
Mayor sensación de calor o molestia durante la sesión.
Posibilidad de que aparezca olor a pelo quemado o pequeñas molestias superficiales.
En cambio, cuando la zona está correctamente rasurada, prácticamente toda la energía del láser se concentra donde realmente interesa: el folículo piloso. De esta forma el tratamiento resulta más preciso, más eficaz y más confortable.
En la medida de lo posible, no nos rasuramos el mismo día de la sesión.
Esto evitará que la piel no esté dañada o irritada por el uso de la cuchilla.